El reto de la vida

Comienzo
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Itaca. Ese largo viaje de nuestra vida, viaje que a veces recorremos con miedos, con desilusiones pegadas, desesperanzas, dormidos y aletargados, a veces no es otro al fin y al cabo, que el abandono hacia nosotros mismos, el olvido de quienes somos, fuimos o nunca llegamos a ser. Ese viaje dentro de nosotros mismos que por mil razones nos hace vivir apagados, resignados, ajados, y a veces cansados. Hasta de nosotros mismos.

Seguro que en algún momento, todos hemos sentido esa llamada interior de Ítaca, ese camino lleno de verdad, de ilusión nueva, de sueños, de proyectos, de subirte al mundo, pero que, si llegamos siquiera a intentar, abandonamos en cuanto nos olvidamos de escucharnos, de querernos, de nosotros mismos. Del propósito. De vivir.

Propósitos…¿Por qué esto ocurre mucho el 1 de Enero? Si, estás fechas marcan algo así como un final y un nuevo comienzo. Una nueva oportunidad, un nuevo motivo. Porque también ocurre algo de lo que es difícil escapar. Estas fechas que despiden cada año para dar paso a otro, están más llenas de amor de lo habitual. Tú y yo lo sabemos, lo hemos sentido, lo hemos deseado. El amor parece estar en todas partes. Casi podríamos decir que flota y se toca…y contagiarse es tan fácil….y apetece tanto, verdad?

Pues bien, pensando en eso, creo que ahí está el truco. El principio y el fin. El amor por nosotros mismos. Ese que nos nace ahí donde latimos. Y de ahí, al resto del mundo.  Pero lo olvidamos y lo abandonamos. Y así llegamos, pongamos que a primavera. Que dicen que la sangre altera, y yo digo que ojalá. Ojalá…Porque si te fijas, la vida ya no respeta ni eso. Lo mismo nieva en mayo que el viento sur nos vuelve locos en diciembre. Así que quizá mejor, no nos abandonemos a su suerte.

Mejor nos abrazamos fuerte a la nuestra, a nosotros mismos. Y si, unos a otros también. Eso es lo que mueve montañas. Aunque esa montaña, solo esté en nuestra cama esta mañana.

Pensémoslo, desde esa dulce locura del todo lo puede. Porque nuestros pensamientos a veces nos paralizan, nos sabotean, y nosotros nos conformamos, simplemente, nos abandonamos. Pero no a la soledad que todos necesitamos, no. A la soledad impuesta. La costumbre. La mala costumbre. Esa que cuando acaba el día y te das un beso de buenas noches, si es que lo haces, no sabe a nada…

Abandonamos y olvidamos al niño que libre veía con ojos transparentes y llenos de vida. El que necesita cada noche ese beso lleno de amor. Nos negamos cada día esa posibilidad mucho antes de intentarlo, incluso de verla, y muchas veces esperamos que alguien venga a decirnos, “yo mataré monstruos por ti”.. Y no nos engañemos, esa lucha es solo tuya y está dentro de ti. Y los monstruos, no existen. Pero lo hacemos, nos engañamos, nos hacemos sordos a esa voz que desde dentro nos habla. Porque a veces, muchas, incomoda. Y muchas veces, si, somos hasta conscientes de esa sombra que camina un paso a un lado, y además de nuestra mano. Como dos enamorados. Porque dicen también…que el amor es ciego.

Así que si, nos hacemos los ciegos, para no mirar ni muy dentro ni desde dentro.  Porque eso, como poco, asusta. Y seguimos soñando, con los ojos cerrados, porque eso es lo que quizá nos han enseñado. Y creemos que lo hacemos, que soñamos con la magia. Con que alguien o algo aparezca y nos borre los miedos, nos de las soluciones, nos cree la esperanza, …Y si, a veces pasa. Rara vez, diría. Pero quizá, para eso también tenemos que querer, escuchar, estar atentos con todos los sentidos. Y recordemos, que también nos volvimos sordos. Asi que como mucho, seguiremos soñando, porque total es gratis y porque también está de moda. Soñamos con seguir dejando que la vida pase, a ver si por el camino encontramos esa vieja fábrica de sueños, esa que en el fondo, sabemos que nunca encontraremos.

Quizá y se me ocurre así en esta mañana de hoy, que solo por probar, deberíamos hacer un intento, el que sea. El tuyo. Buscar esa magia en nosotros, o en los ojos de quien nos mira y aún no vemos, creer y darle forma y colores, y nombres y fechas. Y darle esa oportunidad que se merece. Que merecemos. Y a ver qué pasa.

Los lunes tienen mala fama, muchos quieren que se acaben mucho antes de empezarlos. Pero te diré si es que no lo sabes ya, que también llevan nombre de comienzo. Así que mientras escribía estas letras, pensaba, que hoy ya que es lunes, podríamos tener uno. Un comienzo. Un intento. Y si, también uno más. Y entregarnos a él con toda la intención, y quedarnos ahí para siempre, en ese abrazo tan intenso, que sabe a ti, a mi…y cada día.

Quizá deberíamos remover algo más que la cucharilla en el café de esta mañana. Preguntarnos qué o quién nos mueve a nosotros. Quién somos. Qué nos revuelve por dentro. Qué nos recorre cuando lo imaginamos. Qué nos hace perder el sentido. Qué nos hace revolvernos en la cama. Qué nos hace estremecer sintiendo que eso es lo que deseamos, lo que necesitamos, lo que perseguimos. Qué nos hace bailar y mover los pies por delante y por encima de todo. Qué nos hace apasionarnos sintiendo un escalofrío cuando nos acaricia hasta el alma.

Y hagámoslo. Hagamos el amor a la vida y ese dulce favor, a nosotros. Quizá deberíamos, porque nos lo debemos todo.

Abrázate a tu propósito, tan fuerte que no sepas si vives o sueñas. Sueña para vivirte, para cumplirte, para soplar sueños y no años.Y abrázate a tus sueños. Entrégate a ellos en ese abrazo lleno de verdadera intención, ahí donde siempre permaneceremos si en cada paso que damos, lo acariciamos todo en cada suspiro que nos falta, lo damos todo en cada suspiro que nos sobra, lo soñamos todo creyendo que podemos y nos abrazamos con fuerza a la vida que queremos escribir, a besos de tinta y latidos, allí donde solo pertenecemos. Allí donde siempre nos repetimos, donde libremente nos hacemos amor, porque sencillamente, es lo que somos.

Y caminemos libres, sin sombra, que todos sabemos, que de compañía aporta nada y de recompensa pesa demasiado. Porque al fin y al cabo, solos nos sentimos todos. Pero amados, amados como uno a si mismo puede hacerlo, no tantos.

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