Se trata de ti

El hogar está donde está el corazón.”

Qué bonita es esta cita. No hay nada más bonito que decir que tu casa está donde tu corazón pertenece. Sin embargo, muchas veces no sabemos dónde está nuestro corazón ni como está. Se supone que tenemos un trozo para nuestra familia, otro para nuestros amigos y otro para quien quiera y queramos que completen ese círculo. Entonces, ¿dónde está nuestra casa?

Porque tenemos el corazón dividido en personas y ¿por qué no?, en ciudades que nos hayan enamorado y calado hasta los huesos, y el corazón. Ciudades que hayan sido capaces de punzar nuestra máquina roja y hayan conseguido arrancar de nuestros labios un: “Me quedo a vivir aquí”. Pero, ¿si está dividido, no tenemos casa? Sí, sí tenemos. Porque a pesar de que cada persona tenga una parte de nuestro corazón, en realidad, no la tienen. Tienen un hueco y un trocito metafóricamente hablando, pero ¿quién tiene el corazón real, el que bombea nuestra sangre? NOSOTROS.

Exacto, nuestra casa no es la que nos ha dado cobijo durante años ni donde hemos crecido, porque nadie sabe lo que puede pasar en unos años ni dónde vamos a terminar ni con quién. Ni lo que vamos a sentir como nunca antes lo habíamos sentido. Por lo tanto, señoras y señores, el hogar está donde tu corazón esté, es decir, donde estés tú y nada más que tú. Donde estén tus recuerdos -cada uno de ellos-, tus logros y fracasos, tus sueños… Donde ganamos y perdemos, y siempre aprendemos.

Donde se encuentren tus cafés por la tarde y tus escritos en invierno. Esa estación que hace tu cuerpo más frío, pero que tu corazón se encuentra más ardiente que nunca. Tu hogar está donde estén tus abrazos y besos, tus sonrisas y las que obtienes de vuelta… Que la gente viene y va. Que tú vas y vienes. Y cada experiencia que vivas, será tu hogar, tu vida y seguramente, seas feliz.

Que puede ser una situación temporal y luego vayas y vengas otra vez. Pero cada experiencia, cada ciudad que visites, cada círculo de amigos que completes y cada persona con la que compartas algo más que palabras serán tu hogar porque tú has decidido convertirlos en parte de tu vida, les has dejado entrar en tu mundo y universo. Les has dejado ver cómo eres realmente. Tus puntos fuertes y débiles.

Esas personas –aunque han sido fundamental para que puedas crecer como persona- no son tu hogar, lo eres tú. Lo eres tú corriendo y arrastrándote por el suelo nada más volver la esquina. Lo eres tú riendo y llorando, mojándote bajo la lluvia y calentándote al sol. Lo eres tú entregando todo tu ser y bailando una mañana de domingo con la música a todo volumen. Eres tú cuando dices adiós y cuando te dicen adiós. Eres tú cuando decides vivir y no limitarte porque tu corazón eres tú, y tú vas primero.

Que aunque compartas ese corazón de una manera no literal, al final siempre quedarás tú y te sentirás acogido por todo lo que has vivido y por lo que te queda por vivir. Tu corazón parecerá una chimenea en una cena familiar de navidad. Risas, comida, anécdotas, regalos, fuego y el dulce olor a café al final con algún que otro bombón de chocolate… Fórjate tu propio hogar a pesar de que dejes entrar a gente a ese hogar que has ido creando mientras creces como persona. Inúndalo de risas, de historias, de amores y desamores, de amigos y buena compañía. Llénalo de ciudades, de países, de pueblos y paisajes. Llénalo de besos y buenos libros. Ve creándolo con momentos. Ponle canciones que suenen al ritmo de tu latido. Llénalo de felicidad y tristeza, de compañía y soledad. Que esté desbordado de reflexiones y buenos momentos.

Embriágalo con el olor a café. Ponle algún que otro bombón, que nunca viene mal, y cuídalo. Cuídalo porque es lo más preciado que puedes llegar a tener. Nunca lo enfríes pase lo que pase, sigue sumando experiencias ahí dentro. Se trata de tu corazón, no del de nadie más. Se trata de tu hogar porque tu hogar está donde quieres tú que esté. Porque se trata de ti, y de los bombones que decidas ponerle tú a ese hogar. 

Esto no se trata de mí. Se trata de ti.

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