Simplemente Amor

Photo by Paul Dufour on Unsplash
Photo by Paul Dufour on Unsplash

Aquel lugar no era la Toscana italiana ni se encontraba a los pies de la Torre Eiffel de París.

En aquel lugar la luna no se reflejada en el balcón más enamorado de Verona. Y el único puente que se veía a lo lejos no estaba en Florencia, ni tenía candados cerrados que contasen cientos de historias de amor.

Aquel pequeño lugar no era el paisaje perfecto de Praga en invierno y las parejas no llegaban desde cualquier parte del mundo para ver el amanecer cogidos de la mano.

Aquel lugar no tenía las vistas del Empire State de New York en una noche sin estrellas y carecía de la vegetación de una playa de arena blanca en alguna isla preciosa al otro lado del mundo.

Sin embargo, para ellos, aquel lugar rodeado de pinos a la orilla del bosque, fue el lugar más bonito del mundo durante muchos veranos.

Aquel lugar tenía un pinar y un humilde sendero… no había nada más…

Por la noche la luz la proporcionaba la luna y si mirabas hacia el cielo las estrellas se podían llegar a contar.

Su historia sucedió el último día de unas fiestas patronales en algún lugar, la música sonaba vistiendo la calle de alegría y la feria adornaba con luces de colores la calle principal.

Aquella noche se habían vuelto a ver en la única terraza del pueblo abierta de madrugada. Después un encuentro casualmente planificado y él, se plantó con su corazón frente a ella en un pasillo tan estrecho que era imposible pasar sin mirarse a los ojos. Unas palabras tímidas o simplemente el destino, dieron paso a una conversación llena de confianza. Unos minutos después llegaron las coincidencias. Él prometió hacerla sonreír si se quedaba allí un ratito
más…

Ella aceptó y abandonó discretamente su grupo de amigas para quedarse allí sentada, escuchándole. Él, confesó a su mejor amigo que aquella chica le gustaba demasiado para marcharse con ellos hacia otro lugar donde pasar el resto de la noche.Solos y entre copas, sus miradas siguieron sonriendo. Cuando una hora después ella le confesó que tenía que regresar a casa, él se ofreció prudentemente a acompañarla. Eran poco más de las cinco de la mañana cuando salieron juntos de aquel local llenos de empatía. Durante el paseo, el joven pensó más de cien veces en agarrar su mano terminar con las dudas, pero su timidez no se lo permitió…. y simplemente continuaron caminando.

Cuando el camino estaba a punto de acabar y las luces de su casa comenzaban a verse brillar, llegaron al lugar comentado, rodeado de pinos donde la luna era capaz de iluminar aquel pequeño rincón escondido.

Entonces, por fin, todo sucedió…..

-Necesito hablar contigo

-Le dijo con tono serio. – Estoy enamorado de ti – Soltó de repente.

Hubo un silencio.

Él insistió. – Si no te digo esta noche que quiero estar contigo, estoy convencido que el resto de mi vida la pasaré preguntándome que hubiese sucedido entre nosotros hoy.

Ella parpadeó haciendo sonreír a sus ojos y le abrazó sin decir nada.

Tras declarar su amor rodeando su cuerpo con los brazos, llegó el momento más bonito de una pareja de enamorados. El primer beso…, el que se da con el corazón abierto y sin poder contener la respiración… Veintisiete minutos después comenzaron a caminar de nuevo de la mano y llenitos de ilusión. Avanzaron hasta el final de su paseo compartido y se despidieron. “… un mañana te llamo y un quiero verte cuanto antes… “ Cerró una noche de verano inolvidable en el lugar más bonito donde sus corazones recuerdan haber estado.

Descubrieron por primera vez que el amor no necesita abrazarse iluminado por las luces del Empire State de NY. Descubrieron por primera vez que las caricias se pueden sentir dentro de la piel, sin navegar en góndola por los canales de Venecia. Descubrieron que los besos no necesitan subir a la Torre Eiffel y ver París desde lo más alto. El amor solo necesita encontrar a la persona adecuada, pensaron… Por este motivo y esto es una recomendación del narrador, siempre hay que estar preparado. Porque el amor no avisa y suele encontrarse escondido en cualquier rincón, puede tratarse de un mensaje o de una mirada sincera o simplemente de una sonrisa bonita en el metro, en el tren o en un avión.

Estoy convencido que cualquier pueblo o ciudad en fiestas ha hecho más por el amor que la Torre Eiffel de París o el Puente de Los Suspiros en Venecia.

Y si estoy equivocado…

Que levante la mano el que no se haya enamorado un ratito, rodeado de música, copas y amigos durante las fiestas de algún pueblo con encanto.

Y si estoy equivocado… Que levante la mano quien no haya entregado sus besos una madrugada de Feria en algún rincón apartado.

Tags from the story
, ,
Written By
More from Pablo Azotea

Simplemente Amor

Aquel lugar no era la Toscana italiana ni se encontraba a los...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *