Tantas noches

Rafael Fabricio
Rafael Fabricio

Por las noches a veces me visitas y me despiertas de golpe, colándote en mis sueños, empapándome de ese sudor frío que eriza el alma y enturbia la mente.

Me despierto y te borro de mi mente rápidamente para volverme a dormir. Eso las noches buenas.

En las noches malas me pongo a pensar, con el móvil entre las manos y el cuerpo oculto entre las sabanas. Con la mirada fija en el techo y el rostro blanco como la pared. Y pienso. Pienso en ti. En tus ojos, tu forma de mirarme y, a veces, tu forma de hacer el amor.

Que poco nos entendíamos y a la vez que bien encajábamos. Éramos como un puzle hecho de imagines que vienen y van. Algunas tristes, tan tristes que rompen el alma. Otras felices, mostrándonos razonables y tranquilos, llenos de esa calma que nos llevaba a un cielo azul, resguardado de toda tormenta.

A veces, esas noches, las noches malas, me pongo a pensar si tendrás a otra durmiendo en tu cama. Acariciándote la espalda como yo lo hacía. Acercándote los pies fríos y escuchando divertida tus quejidos antes de que te girarás y lograras sacarme una sonrisa al fijar tus ojos verdes en mí, suaves y delicados, vacíos de todo ese rencor que te ha caído encima con el tiempo, convirtiéndome en una enemiga.

Supongo que tu ni siquiera me recuerdas. Pasé de ser tu mayor logro a tu más árida perdición.

Supongo que ni siquiera piensas en mi. Niña insegura que lloraba en tu hombro descubierto, niña delicada que enterraba su cara en tu pecho, niña temblorosa que mojaba tu piel.

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