Todas las versiones de mi misma

e dijeron que vida solo hay una y que debía exprimirla como si fuese a morir mañana, sin arrepentimientos ni reproches, sin miedos ni inseguridades, sin mirar atrás porque el tiempo siempre va hacia delante. Con una sonrisa, siempre, porque hasta las penas nos hacen fuertes. Y que fuese fiel a mis valores, porque era el único modo de sobrevivir al presente.

Pero me resistí a creerles.

Si pudiese realmente describirme en cinco palabras, o resumir el tiempo que llevo recorrido en este mundo en tres líneas, es que he fracasado en el ejercicio de conocerme a mí misma.

Con el tiempo he descubierto que los valores son nómadas, que los pensamientos son fugaces, y los sentimientos camaleónicos.

Que quiero ser más de una persona, dentro de la misma línea temporal. Y estar en paz con todas ellas.

Quiero ser la chica segura que va de frente, la que no duda en dar su opinión. Pero también la chica que calla, porque tiene miedo de no estar en lo cierto.

Quiero ser dependiente de los que me cuidan. Pero también quiero ser aquella que emprendió un viaje sin billete de vuelta.

Quiero temer a la soledad. Y ser la más valiente.

Quiero ser dócil. Y quiero ser la que siempre tiene el control.

Quiero querer a una única persona toda mi vida. Pero quiero conocer distintos tipos de amor.

Y quiero pensar que no. Que no, que no, y que de ninguna manera. Pero despertar y saber que sí, que sí, que desde luego.

Quiero ser todas ellas.

Y cuando me pregunto cómo hacerlo, descubro que no hay un único modo. Pero que el poder de hacernos oscilar lo tienen las personas. Porque quien nos acompaña nos motiva, quien nos motiva nos ilusiona, y quien nos ilusiona nos hace ser quien somos.

Cada cual con una versión distinta.

Así que no cerréis puertas, a nadie, y no os cerréis, a nada, porque si una canción, un libro o una película son capaces de inspiraros, de despertaros, de animaros a hacer, imaginad cuántas canciones, cuántos libros, cuántas películas y, en definitiva, cuántas historias, coexisten en un mismo ser. 

Dejaos sorprender.

Y sorprended de vuelta.

La vida que vivís no es la única que os espera.

Sedlo todo. Pensadlo todo. Queredlo todo. Hacedlo todo.

Y cuando llegue ese día, el día en el que se cierren vuestros ojos, que sea porque estos ya han visto lo que hay que ver.

Y cuando pregunten “¿quién era?”, que nadie sepa qué responder. O que todos respondan. Y ojalá que cinco palabras se queden cortas, y tres líneas no sean más que la introducción. 

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