Siempre tú.

Siempre tú
Siempre tú

Hoy quiero hablaros sobre una película que vi hace no mucho tiempo y que desde entonces ha rondado por mi cabeza en gran parte por el poderoso mensaje que transmite: Cómo en nuestras vidas, a veces, olvidamos lo realmente importante y cómo lo aparentemente malo puede enseñarnos una poderosa lección.

La película tiene por título “Siempre Alice” (Still Alice, en su título en inglés) y, si no la habéis visto, trata sobre el proceso de alzheimer en una mujer relativamente joven, desde la primeros síntomas hasta las últimas fases de la enfermedad contado en primera persona de forma tierna pero directa.

No os preocupéis que mi idea no es abriros como un melón la película y contaros los pormenores de lo que en ella ocurre. Sencillamente mi intención es explicaros lo que me transmitió para que, después de leer el artículo y si tenéis tiempo, la veáis los que todavía no la habéis visto y la comentemos juntos. En todo caso, si no queréis saber nada de ella antes de verla mejor que paréis aquí de leer…

Como supondréis, “Todavía Alice” no es una película fácil, alegre y con un happy-end al estilo que Hollywood nos tiene acostumbrados. En la puesta en escena de la película Alice es una  mujer madura y atractiva, orgullosa de su exitosa carrera como docente en una prestigiosa universidad de EEUU y al mismo tiempo, muy valorada por sus colegas. Paralelamente, a nivel personal, tiene un marido que la adora y tres preciosos hijos ya adultos con los que mantiene una gran relación a excepción de algunos problemas de comunicación con la hija más pequeña: Alice no entiende la obsesión de ésta por ser actriz. Ella es más pragmática y quiere un futuro seguro para sus hijos.

La vida de Alice es envidiable en todos los sentidos, poseedora de una vida perfecta… es en este contexto en el que se le diagnostica la enfermedad de alzheimer y es en estas primeras fases de la enfermedad cuando ocurre una de las escenas, en mi opinión, más impactantes y en la que me gustaría centrarme por su simbolismo.

Llegado el momento en el cual ella es consciente de cómo sus facultades van deteriorándose progresivamente toma una decisión: Grabarse a si misma por webcam explicándose quién es: una mujer de éxito, con una gran carrera profesional y una familia fabulosa, y enviándose un mandato: Si en el futuro ve nuevamente este vídeo y no recuerda quien fue, su gran carrera y todo lo que ha construido, que busque en un cajón de su habitación un frasco de pastillas allí escondido y se las tome con un poco de agua… se pide a sí misma suicidarse.

No os voy a explicar que pasa, no os preocupéis. Para mi lo importante es la reflexión que la Alice “todavía sana” realiza. Ella piensa que si olvida quién fue, su historia, perderá todo lo que es, dejando de tener valor como persona. Cree que se convertirá en un despojo y no se otorga el derecho a si misma a vivir en esas condiciones, imponiéndose desaparecer de este planeta. Piensa que sin su pasado no es nadie.

Esta escena puede ser vista con cierta condescendía y comprensión por algunos, pensando que antes de convertirse en algo sin aparente vida que no sabe expresar quien es, es mejor quitarse de en medio y así dejar de causar problemas a los demás. Es incluso algo práctico. Pues dejadme que os diga, esta forma de pensar muestra una terrible falta de humanidad y no están muy lejos de las ideas que hace 75 años provocaron una guerra mundial cuando este planteamiento se aplicó a personas que se les consideraba inútiles. Para mí no hay diferencia si es a otros o a uno mismo a quien se juzga de este manera.

Que hoy en día vivamos en una sociedad que nos envíe continuos mensajes de existir en tanto que aportemos algo, que seamos productivos. Que alimente nuestro ego haciéndonos creer que nuestros éxitos materiales e intelectuales son en gran medida lo que explica lo que somos y que, por lo tanto, hemos de esforzarnos a conseguir más y más, no debe nunca hacernos olvidar lo realmente importante: el ser que cada de nosotros es y que siempre es merecedor de ser querido sencillamente por existir.

Alice cometía este error, se daba valor a si misma por lo que ella consideraba que había construido: Sus éxitos profesionales y personales. Una vez éstos desaparecieran de su cabeza, no había vida que vivir. Pero en el camino había olvidado que ella era merecedora de ser querida aunque ya no tuviera nada que ofrecer al mundo. Que se podían entablar relaciones con los demás basadas en algo más profundo que un simple intercambio de intereses como ocurría con su hija.

Ella había olvidado quién realmente era y necesitó el drama de su enfermedad para, paradójicamente, recordarlo. Para darse cuenta que por mucho que olvidara… nunca dejo de ser Alice.

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