Trazar planes, conseguir propósitos

 

  1. Comer más sano.

  1. Hacer más ejercicio.

  1. Dejar de fumar.

  1. Perfeccionar el inglés

  1. Ponerme en serio con las oposiciones…

08-01-17. Domingo. 11:30 AM. Y a Pablo, tras levantarse, ducharse y desayunar un buen chocolate con el último trozo de roscón que le quedaba, no se le ocurrió mejor forma de estrenar la agenda que días atrás le habían regalado los Reyes que anotando esos propósitos que, llevado por la alegría, la euforia, las copas… se hizo a sí mismo la noche del 31 de diciembre y que ya estaba empezando a olvidar. Pensó que, al verlos escritos todos los días, quizá y solo quizá, no pasarían a ocupar el cajón de los sueños y objetivos pendientes de cumplir como el año anterior y el anterior y el anterior y… ¡Pobre Iluso!

Antes de que sigáis leyendo, sed lo más sinceros posibles con vosotros mismos y responded a la siguiente pregunta:

¿Cuántos os acordáis de vuestra lista hoy? ¿Uno? ¿Dos? ¿Tal vez tres?

Seguramente la gran mayoría ya la habréis olvidado para evitar pensar en aquella persona a la que, por orgullo, aún no le dijiste ese “lo siento”, en aquel que iba a ser tu último cigarro, en ese bono del gimnasio que aún no has estrenado y… suma y sigue porque todas aquellas grandes cosas que íbamos a conseguir ayer se han convertido en simples pensamientos que bombardean nuestras cabezas hoy cada vez con menos fuerza.

¿Y cuál es el error de Pablo, os preguntareis? ¿Qué hacemos mal? ¿Por qué un día queremos bailarnos la vida y al siguiente nos duelen demasiado los pies?

Pues… lo que hacemos mal es que, además de fijarnos objetivos demasiado grandes para cumplir en un espacio de tiempo demasiado pequeño porque queremos los resultados ¡ya!, es que, tristemente, y una vez que se nos pasa el entusiasmo inicial, tendemos a no salir de esa nuestra “zona de confort” que quizá no nos haga felices pero la preferimos antes que atrevernos a saltar sin red. Puede ser que el salto salga mal pero… y si sale bien qué ¿eh? Al final solemos preferir una vida cómoda y rutinaria antes que luchar por una vida feliz. Así, no dejamos un trabajo por perseguir ese proyecto incierto con el que tanto hemos soñado. No decimos un “te quiero” porque quizá no sea mutuo y para qué vamos a complicarnos la vida enamorándonos y haciendo caso al corazón. Tampoco nos mudamos a esa ciudad en la que siempre quisimos vivir porque vaya riesgo el empezar de cero… Y al final son esos “ la idea me gusta pero”, “me encantaría pero es que”, “soñar es fácil pero hacer” los que nos acaban lastrando la vida y los que nos hacen vivir en lugar de VIVIR con mayúsculas y sin matices.

“Nadie dijo que fuera fácil, pero valdrá la pena”

¿Cómo conseguir entonces tener una mayor tasa de éxito y que parte de esa lista, al menos, se cumpla?

No debemos decirle un ¡hola! así, a lo loco, a enero, al que vemos como una nueva oportunidad para hacer todo aquello que siempre quisimos hacer y no hicimos sin decirle un ¡adiós! meditado a Diciembre ¿Qué quiero decir? Pues que antes de verbalizar y escribir como posesos todo aquello que queremos conseguir en este 2017 debemos pararnos, pensar y, sobre todo, hacer un poco de autoanálisis para evaluar con cierta capacidad crítica el año que acaba de pasar. Así, nos alegraremos por nuestros logros, analizaremos nuestros fracasos, llenaremos nuestra mochila vital con los aprendizajes adquiridos tras lo vivido… Y solo así, podremos definir adecuadamente nuestros propósitos que han de ser:

  1. Concretos.

  1. Realistas en su forma, fondo y tiempo de consecución.

  1. Su logro debe depender, en gran medida, de nosotros mismos.

  1. Flexibles.

  1. Limitados en su número.

Seguramente, siguiendo con el caso de Pablo, el cual finalmente acabó acudiendo al psicólogo buscando algún tipo de organización, guía, consejo, motivación… que él no encontraba, se entenderá todo mucho mejor:

Supongamos que el propósito principal y prioritario de Pablo es el de preparar la oposición en serio para intentar conseguir un trabajo mejor.

Es obvio que si trabaja y además, tiene pareja, familia, amigos y una casa que atender, entre otras cosas, intentar aprobar ese examen tendrá que materializarse con un tiempo de estudio realista (a lo mejor dos o tres o cuatro horas al día y no ocho como le puede llegar a dedicar otro estudiante sin ningún tipo de cargas) y sabiendo de antemano que seguramente la mayoría de los días lo más probable es que pueda estudiar menos de lo planificado, por lo que debe ser plenamente consciente de que ese aprobado costará seguramente, más de un intento.

Además, Pablo tendrá que trazar un plan de acción para conseguirlo. Esto quiere decir que deberá fijarse pequeñas metas que intentará cumplir cada día. Conseguirlas, serán pequeñas victorias que le ayudarán a seguir su camino hacia el éxito. En este caso, sus pequeñas metas serían, por ejemplo, tener su lugar de estudio lo más ordenado posible para que poco o nada interfiera en el tiempo real del que disponga para estudiar, intentar acercarse todos los días a ese tiempo de estudio que decidió fijar antes de empezar a preparar la oposición, reforzarse durante el fin de semana con alguna pequeña actividad que le guste si ha cumplido durante la semana el plan de acción previsto…

Ordenará los objetivos en tiempo e importancia. Esto, si bien puede causarle una cierta ansiedad, también ayudará a Pablo a organizar sus rutinas, fomentar nuevos hábitos o poner fecha a tareas concretas pudiendo así evaluar mejor sus pequeños progresos y logros. Quizá, sea más sencillo y factible intentar dejar de fumar, luego ir al gimnasio para conseguir una mejor forma física y desestresarse del trabajo y la oposición, que querer conseguir todo a la vez ya que quién mucho abarca, dicen, poco aprieta.

Se apoyará en gente que lo ha conseguido. Ver como otros, en su misma o parecida situación, lo consiguen, le dará esa motivación extra tan necesaria en ese arduo proceso de conseguir nuevas metas. Pablo podría, por ejemplo, registrarse en algún foro de referencia con gente que se prepare su misma oposición para conocer sus experiencias o quedar con algún compañero de la academia que guíe su estudio para tomar un café y compartir filias y fobias.

Tendrá que aprender a ser maleable y a revisar continuamente los planes trazados ya que, en cualquier momento, pueden surgir imprevistos que hagan que no todo vaya según lo esperado. A su novia pueden ampliarle el horario de trabajo y tendría que hacerse cargo de más tareas domésticas, podría ponerse enfermo y eso también desbarataría su plan de estudio o quizá en las vacaciones de Navidad querría dedicarles más tiempo a los suyos. Simples ejemplos estos de lo importante que es la elasticidad. Ésta hará, por un lado, que en la secuencia temporal prevista para conseguir su objetivo, haya incluido días extra para recuperar ese estudio que quizá otros días pierda, y que la culpa y la angustia por no poder llevar a cabo lo esperado no aparezcan o lo hagan de una manera mucho más difusa ya que siendo flexible Pablo se habrá adelantado, al menos en parte, a todo aquello que lo aleje de su meta final ya que ha dejado tiempo libre para recuperar el perdido.

Detectará los problemas e intentará solucionarlos. Es obvio que por muy milimetrado y planificado que tenga todo, por mucho empeño y motivación que le ponga al asunto, por mucho que los planetas se alineen a su favor y tenga el viento de cara, van a surgir sí o sí problemas en algún momento y es aquí donde debe cambiar el plan si éste le falla, pero ¡jamás! abandonará la meta. Quizá Pablo no avance en el estudio como quiere, le gustaría o desearía e igual deba plantearse cambiar de apuntes por otros que se ajusten más a sus gustos y tiempo disponible, de academia por otra que se adapte más a sus necesidades o incluso de horario, ya que, a lo mejor, estudia más y mejor por la mañana y prefiere madrugar y estudiar antes de irse a trabajar que al volver. Variará lo que esté a su alcance, pero jamás dejará de estudiar.

Y, sobre todo, dejará a un lado las excusas del tipo: voy a dejar de estudiar porque no tengo tiempo, la oposición tampoco es tan importante como creía, mis prioridades ahora son otras, no sirvo para esto… ya que, al final, LA CLAVE está en ser valiente, atreverse, jugársela y saltar porque, como dice mi querido amigo Pablo Arribas,

Siempre hay que vivir de forma que te duela marcharte”

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