Tus manos

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Entrar a la casa, todo en silencio, todo es desolación, algunos verían cosas, yo miro recuerdos en cada recóndito sitio del que era nuestro hogar; muchos verían un sofá viejo, yo, un rincón de amor, de lágrimas, de problemas, donde nos reconciliábamos después de la guerra, el sitio donde nos sentábamos a hablar de nuestro futuro, de nuestro destino, el sitio que tantas veces nos dio acogida para hacer el amor porque el ansia nos ganaba, porque la pasión se nos desbordaba; muchos verían una mesa pegada a la ventana, <¡qué guay, mientras comes puedes mirar quien va!>, yo, sin embargo, la usaba para esperarte, para mirar ese camino con la impaciencia que me daba siempre el verte llegar, el sitio donde me sentaba para escribir (te) mientras te imaginaba bajar por ese camino que te traía con dirección a mis brazos, un cuadro perfecto que cada día me mostraba una obra de arte diferente, contigo como mi protagonista recurrente, el sitio donde descargaba la inspiración, donde, como niño lleno de emoción, esperaba a que aparecieras por donde salía el sol; yo entro en la casa y veo un cúmulo de recuerdos, un mundo de sentimientos, un sin fin de momentos, y sólo un deseo, volver a verte ocupar todo ese espacio que se ha quedado incompleto y que sólo tus manos son capaces de llenar…

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