Un amor supremo

Photo by Amanda Flavell on Unsplash
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Hablemos de la vida, la muerte,
del paso de los días,
del sol que fallece y espera,
cada noche, en penumbras,
otra canción de luna.

¿Puedes ver su mirada serena?
En cada gesto de fortuna,
un espectro que vigila,
su constancia nos guarda,
nos da alivio,
voluntad,
vitalidad.

Así el gorrión renuncia al nido,
la tortuga se deja arrastrar,
y la flor polinizar.

Sabemos de la salvación,
la recompensa eterna,
garantía única de dormir
y volver a despertar.

Por supuesto, esta eternidad, sabrás,
nunca llegará;
no sino pagando un precio,
tan elevado como las almas
que escapan del mundo
sin decir adiós.

Un amor supremo:
sólo un amor supremo supera el miedo,
quiebra las cadenas de la naturaleza humana,
que tanto asfixian.

Los límites inherentes a la vida,
se tornarán siempre contra nosotros,
animales de pasión,
recuerdo y unión,
por momentos, cegados en animadversión.

Y así será siempre,
embistes que nos devuelven
a la oscura orilla,
como decía Fitzgerald,
y como lo digo yo,
en este bonito poema.

Sólo una mirada que acepta,
que se admira de las arrugas
que se forman en las sonrisas,
que se fascine de la decrepitud inevitable
de toda hermosa faz;
que goce el marchitar de los claveles
y el aliento último del cachorro que juega.

Un amor supremo.

Quien pueda hacer eterna
toda cosa transitoria,
hallará más que paz en su seno,
salvará a Fausto,
sabrá amar como es amado:

Un amor supremo.

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