Un día

Un día descubres que la vida es aquello que sentías cuando eras pequeño y te dejabas invadir por los nervios al saber que ya era Navidad. Te das cuenta que lo único que buscas es a quien sepa ser luz en plena oscuridad y consiga que en tu ventana haya reflejos de colores a pesar de la niebla, que te regale cielos plagados de estrellas que te lleven a casa cuando te sientas sin rumbo, que escriba cartas que lleven deseos de verte siempre feliz, que traiga a tu vida lo que querías sin ni siquiera habérselo pedido.

Un día entiendes que solo quieres a tu lado a esas personas que te aseguren los sueños y te digan que todas las noches serán de paz, también de amor. Las que te decoren la vida, los ojos y el alma con solo una mirada, con solo una sonrisa. Las que te regalen días que nunca terminan, semanas que sepan a azúcar y risas que suenen a cascabeles. Las que llegaron sin avisar, quizá de Oriente, y aparecieron, sin darte cuenta, al lado del árbol.

Un día recuerdas que todo lo que necesitas tiene brazos en el que cabe todo tu universo y la sonrisa más bonita del mundo. Que sabe palabras que abrigan cuando el tiempo se pone envidioso y aprieta y te canta canciones que hablan de ti, de lo que pudiste ser, de lo que serás. Que tiene algo de primer premio de la lotería y tú todavía sigues pensando que el año que llegó a tu vida no compraste ni un solo número. Que es la persona que hace que todos tus años sean nuevos pero la vida, mejor.

Un día te dejas mecer por aquellos momentos, los que marcaron un antes, un después, ¡y qué después!, y sonríes. Los que vinieron sin guión, sin tomas falsas, los que llegaron, agarraste, y no soltaste. Los que te hicieron descubrir que la vida es en color y que había que decir adiós a los que te obligaban a vivir en diferido. Los que recuerdas y te alborotan, los que resuenan y te ahogan, los que guardas de ladrones y solo muestras cuando quieres.

Un día te sorprendes y, al fin, comprendes que la vida se mide por los días que no planeaste pero fueron redondos, por las sonrisas que llegaron para quedarse, por las noches que siempre fueron de magia, por las mañanas que te levantaste de un salto para envolverte en papeles y lazos que llevaban felicidad contenida en cajas de cartón.

Un día, solo uno. Corre, sal ahí fuera, porque solo es uno, pero, ¿y si es hoy?

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