Viaje a Roma

No me digas que no te atreves a hacer aquello con lo que llevas soñando desde que eras un niño. No insinúes que tu ilusión se ha desvanecido. No eches las culpas a los demás asegurándome que fueron ellos los que acabaron con ella. No me creo que prefieras sentarte en el sillón de los anhelos frustrados. No. No me lo digas. No podré creerte.

Levántate. Hazme caso. Quítate el polvo que tu pereza te ha hecho acumular durante años. Deshazte de las excusas que frenaron a tus ganas de vivir hasta arrinconarlas en el rincón de tu mente en el que no deberían haber entrado. Despierta a tus sueños. Tírales un cubo de agua helada por encima. Diles que ha llegado el momento. Su momento. Tu momento.

Mírate en el espejo. Sácate la lengua. Espabílate. La vida está ahí fuera. Tu turno ha llegado. No tengas miedo. No servirá de nada. Por favor, no mires atrás. Dicen que todos los caminos llevan a Roma. Coge las riendas de tus días. Ajusta tus velas. Comprueba que tu equipaje está listo. No cargues tu maleta con pensamientos que solo ralentizarán tu viaje.

Puede que haya momentos en los que no sepas si la dirección que llevas es la correcta pero no te pares. No bajes la cabeza. No permitas que la duda se instale en ti. Has hecho lo difícil. Has empezado a caminar. No te detengas o puede que nunca más vuelvas a arrancar. Que no te importe si alguien te adelanta. No te distraigas con atajos que nunca te llevarán al sitio deseado. El camino al éxito es el más extenso. Solo después de una larga travesía podrás sentir la satisfacción de no haber hecho trampas.

Porque no importa cuál es tu Roma, a nadie le interesa cuál es tu ciudad eterna. Tú no pierdas de vista el horizonte. No te entretengas con las distintas paradas que encontrarás en el camino. Te ofrecerán agua cuando tengas sed, alimento cuando tus tripas rujan pero no cojas nada. No te quedes en ellas pensando que tu destino está demasiado lejos. Íbamos a Roma, ¿recuerdas? No nos vale ningún otro sitio.

No dejes que un pinchazo te detenga. No pienses en regresar si te ves en algún atasco. El viaje será difícil, yo te lo advierto. Deberás sentir rabia ante los imprevistos. Comprobarás que el camino no es tan divertido cuando te quedes sin gasolina y tengas que hacer el resto a pie. No te atrevas a pensar ni por un momento que en tu sillón se estaba mejor. No lo hagas. ¡Prométemelo!

Tu ropa deberá estar hecha jirones. Quizá llegues un poco despeinado. A lo mejor las cicatrices surcan tus rodillas. Pero que no te importe. ¿Sabes por qué? Porque habrás llegado. Será entonces cuando puedas comprobar la inmensidad de la Fontana di Trevi. Será el momento de quedarte sin aire subiendo la impresionante escalinata de la Plaza de España.

Solo en ese momento comprenderás todo lo que te habías perdido sentado en aquel rincón de tu habitación. Entenderás que tu alma vivía a medias encerrada detrás de unos barrotes que tú mismo construiste. No te preocupes si el miedo te agarra el corazón. Que no cunda el pánico si no te ves con fuerza para volver a emprender otro camino. Coge una moneda y arrójala a la fuente. Ahora ya sabes que volverás. Ahora ya sabes que lo conseguirás.

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