Una historia verdadera

El mundo es injusto. Pero en contra de lo que podríamos pensar no lo es debido a personas malvadas que perjudican a los demás en beneficio propio, sino por acciones y decisiones que llevamos a cabo cada uno de nosotros muchas veces inconscientemente y que justificamos interiormente de las formas más variadas para seguir pudiéndonos mirar en en espejo.

Quizás disentís. Hoy os explicaré una pequeña historia que viví en primera persona al respecto. A ver que os parece…

Durante gran parte de mí vida trabajé en el sector de la Publicidad. Allí la competencia entre las diferentes empresas del sector era muy dura y lo más normal para ganar un nuevo cliente era participar en un concurso contra otras agencias de publicidad. El proceso era y es el siguiente: El cliente prepara un Brief, un pequeño documento sobre lo que quiere publicitar, el público al que va dirigido y otras consideraciones. Las agencias lo reciben, y siguiendo el documento preparan una propuesta para una campaña sobre el producto dado. Finalmente el cliente elige la propuesta que más le gusta y se convierte en la ganadora sobre la que se trabajará.

En estas que una vez participamos en concurso con un importante cliente de bebidas alcohólicas de nivel internacional. No diré el nombre de la marca pero seguro que todos la conocéis si habéis tomado alguna copa en vuestra vida. Y es ahí, en la primera reunión que realizamos para discutir el Brief, donde ocurrió lo siguiente: En el “Brief” se detallaba el “target”, las personas a quien iba dirigido el producto: chicos jóvenes entre 18 y 22 años de edad ya que la bebida espirituosa en cuestión era de las más típicas que se consume al comenzar a salir por la noche y beber.
Hasta ahí todo perfecto. Lo chocante ocurrió cuando la directora creativa nos explico, a los que estábamos reunidos, que el cliente le había explicado verbalmente, no por escrito, que el verdadero público objetivo eran chicos menores de edad, rondando los 16 años, puesto que ellos eran los que realmente consumían esta marca y que es ahí donde nos debíamos focalizar.
Se hizo broma sobre el hecho, todos nos reímos no se le dio excesiva importancia. Al fin y al cabo, es muy normal tomar el primer trago antes de los 18 años… ¡No hay que ser tan inocente!. ¡Todos lo hemos hecho!

Pero yo tuve un dilema moral: ¡la campaña que teníamos que pensar era dirigida a vender bebidas alcohólicas a menores! Ibamos a persuadir a adolescentes de que bebieran… ¿Realmente hacíamos bien?

Las razones que posteriormente nos explicó el presidente de la empresa para seguir en el concurso eran contundentes. Necesitábamos ese cliente, la situación económica no era muy buena y corríamos el riesgo de tener que despedir a gente si no teníamos nuevos ingresos. Además, ¡si no hacíamos la campaña nosotros la haría otro!

Razones de peso. Al final, fuimos al concurso, ganamos el cliente e hicimos la campaña. ¿Tema cerrado? Si.. y no… ya que yo seguí con el dilema moral el cual, pasado el tiempo me ha llevado a la conclusión que las buenas personas (  Aquí puntualizo que todos los profesionales con los que trabajé sin excepción eran y son grandes personas, poseedores de buenos y positivos valores, sentido de la justicia y respeto por el prójimo. ) pueden realizar acciones que bordeen la inmoralidad y de que el mundo es injusto y cruel por hechos y decisiones insignificantes como estas y no tanto por la existencia de personas malvadas. Eramos buenas personas e hicimos algo, como mínimo, moralmente discutible.

Algunos pensaréis que no es para poner el grito en el cielo. Quizás tenéis razón. Dejadme poner un ejemplo más pedagógico: Que pena que se lea en el periódico de vez en cuando que el Amazonas esta en peligro y que desaparecerá en unos años. ¿Cómo puede ocurrir? ¿Realmente hay malvadas corporaciones y personas que solo buscan ganar dinero a costa de todo y todos?.. No. Ocurre de la siguiente forma: Alguien muy lejano en una empresa en el país X toma una decisión estratégica, que cree indulgente, presionado por sus accionistas y desde donde no ve sus implicaciones reales. Otra subcontrata en la ciudad Y, preocupado en mantener su empresa y trabajadores en este competitivo mundo, ejecuta una orden totalmente legal aunque moralmente discutible ( tampoco es para tanto, piensa) Por último, un peón en Brasil, acuciado por problemas económicos y pensando en dar de comer a su familia, decide que vender un poco de madera más, aunque ilegal, no hará daño a nadie… Y así, todos juntos, sin comerlo ni beberlo, cada uno con sus problemas y razones, ponen su granito de arena y la selva desaparece poco a poco…

¿Qué ha ocurrido aquí? Todos han encontrado una justificación moral para llevar a cabo sus acciones. Así es…

¿Cómo podemos evitarlo y ser conscientes realmente de la implicación de nuestras acciones para obrar bien? ¡Muy sencillo! Únicamente hay que prestar atención a la voz interior que todos tenemos dentro y tener cuidado para ver si intentamos justificar nuestras acciones de alguna de las siguientes formas:

– Si no lo hago yo lo hará otro.
– Todo el mundo lo hace.
– A mí ya me lo hicieron en su momento.

Estas justificaciones suelen utilizarse cuando no encontramos buenas y justas razones para llevar a cabo lo que nos proponemos y necesitamos de una justificación cualquiera para no sentirnos mal. Las dos primeras son las que usamos en mí caso para tirar adelante el proyecto de públicidad. ¿Recuerdas tú alguna acción que hayas justificado de esta manera?

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