Una velada a lo Woody Allen

Annie Hall
Annie Hall

Cuando hace ya un tiempo en una pequeña cena de amigos –a la que acudí en calidad de pareja de– comenté que acababa de finalizar un estudio sobre la obra de Woody Allen, obtuve reacciones al respecto que, todavía a día de hoy, me resultan inquietantes. Nunca imaginé que aquella tarde iba a ser tan reveladora en el ámbito personal, social y profesional.

Conversar sobre Woody Allen puede resultar algo polémico ya que tiene tantos detractores como defensores. Pero el ambiente de aquella tarde parecía proclive a ese tema de conversación. Quizá simplemente fuera una forma de ofrecerme un cumplido. Desde luego, fue un gesto de complicidad por parte de todos que no supe interpretar, ya que no me involucré en la conversación como era de esperar. Siempre me ha incomodado el hecho de monopolizar los actos sociales o de ser el centro de atención. Y admito que la prudencia me ha jugado muchas malas pasadas en el ámbito social. Pero aquella tarde –y no es por excusarme– observe una reacción que me impidió mantener una conversación fluida sobre cine.

Sin dudar lo más mínimo, una de las integrantes del grupo –en total éramos seis, tres parejas– con bastante ímpetu y una seguridad desmesurada que rozaba la arrogancia, declaró contundentemente que su película preferida de Woody Allen era Maridos y mujeres. Parece una declaración inocente e inocua, pero mi cabecita, conocedora de la obra completa de Allen, comenzó en ese momento a formular hipótesis a un ritmo desconcertante. Esta chica y su pareja, allí presentes los dos, –llamémosle la pareja número 1– se iban a casar en apenas tres meses. Poco más pude intervenir, aunque permanecí expectante ¡claro!

Para contextualizar, Maridos y mujeres se rodó en pleno escándalo sentimental del director con Mia Farrow, con quien compartía alcoba y protagonismo en la película. Algunos consideran este largometraje como un acto de sublimación o de disculpa pública de Woody Allen por sus entresijos amorosos, ya que la trama del relato fílmico se basa en las infidelidades, sus consecuencias y los sentimientos de culpabilidad. Una historia similar –no en forma, pero sí en fondo– a lo que le ocurrió a la pareja número 1. Así, de un modo muy sutil, las cuestiones que salieron a la luz en aquella cena de parejas fueron tomando representación en los meses sucesivos. Cada pareja, con sus preferencias allenianas, marcó aquella noche los cauces de su propio destino.

El desequilibrio en la pareja número 1 resultaba obvio desde un inicio. Su boda estaba tan escrupulosamente pactada que resultaba inverosímil. Como si de niños se hubieran hecho la promesa de casarse antes de los 30 y tuvieran que cumplirla a pies puntillas. Iba a ser el fiestón del año. Pero el golpe de realidad de la vida marital les sacudió con fuerza. La proyección de la película cayó sobre sus vidas y no pasaron más de tres o cuatro meses cuando surgió la infidelidad. A ello le siguieron, por supuesto, los intentos de justificación y la búsqueda de culpables. En fin, una pareja rota por el carácter narcisista de uno y el estado dependiente del otro. Lo último que sé de ellos es que están en trámites de divorcio. Así que poco aprendieron de su película, supongo.

Desde aquella cena no volví a ver a la pareja número 1, pero sus tretas eran conocidas por un gran círculo de personas a mi alrededor y me enteré de lo que les ocurría por la onda del cotilleo. Aunque no quise involucrarme ni saber más. Pensar en ellos me desestabilizaba emocionalmente y tampoco quería caer en el juicio barato. Al fin y al cabo, conocer me hacía infeliz y, sobre todo, me generaba dudas por la influencia que la pareja 1 producía sobre la mía. El relato obsceno de las aventuras sexuales extramatrimoniales cautivaron a mi compañero de tal manera que sucumbió al influjo de la curiosidad. Parecido a lo que la pareja de Allen y Farrow sufren en Maridos y mujeres, quienes por los titubeos de sus amigos acaban rompiendo su relación. Hablo ya, entonces, de la pareja número 2, que también finalizó tras la sombra de esta película, a pesar de declararme fan absoluta de Annie Hall. Pero tener una pareja que no define muy bien sus preferencias es lo que tiene, que al final te tragas películas bazofia que alguien le ha recomendado vagamente. A pesar de ello, mantengo la postura de que Annie Hall es el referente de mi relación –y tampoco aquí hablo de la forma, siempre del fondo–.

Annie Hall es una obra maestra del cine. Por cuestiones profesionales me aproximé a este filme desde el punto de vista funcional, y fue revelador. Pero analizarlo ahora desde una perspectiva mucho más íntima y personal me ayuda a dar sentido a lo que ocurre en las relaciones de pareja basadas en lo real. Pues la salud de las relaciones no está en las apariencias, ni en las parafernalias, ni en demostrar con flores lo que se siente, ni en los regalos caros, ni en los anillos de compromiso de medio quilate, ni en casarse para los amigos, ni en tener hijos condenados de por vida a soportar las carencias de unos padres que han agotado sus fuerzas y ganas para convivir juntos y en paz consigo mismos. Las relaciones reales son mucho más que simple relato, como la de los personajes de Annie Hall, colmadas de cariño, respeto y complicidad hasta en la ruptura. Decisiones tácitas tomadas al unísono y fructíferas a largo plazo para ambos. Aunque, por supuesto, dolorosas de tomar. Relaciones auténticas, al fin y al cabo, en las que no se acaba el amor,
sino que se concibe de otra manera.

Y a día de hoy desconozco todavía qué nos deparará el destino como expareja, pero si seguimos las enseñanzas de Annie y Alvy supongo que no será del todo fallido. Puedo imaginar miles de finales felices para acabar este relato, pero perdería su visceralidad y el sentido de la realidad. No quiero tampoco caer en la fantasía de Alvy, aquella de intentar hacer las cosas perfectas en el arte, porque nunca me gustaron los finales Made in Hollywood. Y así, entre la fantasía y la realidad se encuentra –o al menos se encontraba–
la pareja número 3. Ciertamente, le perdí la pista, pero no debo andar muy desencaminada porque su película de referencia era Granujas de medio pelo.

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