Ven…

Quiero que llegues, ven y quédate para siempre, que traigas tus maletas, tus zapatos, tu ropa, tus ganas, tu amor y llenes todo este hogar de ti, que huela a ti, que sepa a ti, que cada rincón me diga, al llegar a casa, que aquí habitas tú; quiero que llegues y reemplaces los muebles viejos por unos que a ti te gusten, que cambies el color de la casa, la puerta de la fachada, que pintemos de colores nuestra habitación; quiero que llegues y llenes le baño con tus lociones, con tus intimidades, con tus pastillas para cuando estés de mal humor y que incluso me compartirás para que jamás me duela la cabeza y siempre que llegue a casa quiera hacerte el amor; quiero que llegues y conviertas este triste laberinto donde no me encuentro sin vos, en un castillo donde nunca nos falte el amor; llena la cocina de cosas que consideraré inútiles y que no usaremos jamás; cambia la lista de canales favoritos por aquellos en donde pasen los programas que ni sabía que existían o a los que tanto me resistía; llena la mesa de noche de cosas sin sentido que no entenderé, pero que muy probablemente a menudo necesitaré; incluso cuelga en la pared cruces, crucifijos, santos y dioses en los que no creo, no me importa, porque yo te voy a idolatrar a ti y esta casa será santuario de tu divinidad, altar de ti; ven, ponte cómoda y enséñame a ser digno de ti, a hacer la cama como a ti te gusta y a amarte cada día como sólo tú mereces ser amada; ven y convierte cada alba en el perfecto amanecer y cada noche en el sueño que no querré interrumpir durmiendo; ven, pero apresúrate a venir hoy, porque el mañana es una promesa que muchas veces no llega…

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