Vivir, marcar el tempo a cada paso

Soñar
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Hay momentos en los que abres los ojos y parece que todo ha cambiado, en un segundo la realidad ha mutado de forma inexplicable para ti y, al parecer, tú te encontrabas en ese fluir que jamás percibiste. Y te sientes extraño, ajeno a lo que sucede ahora mismo. Y te sientes lejos, distante de aquellos momentos que, apenas hace meses, marcaron el rumbo de tu vida.

Y te sientes viejo, pasaste de estar inconscientemente en el cambio a valorarlo y compararlo con nuevas dimensiones. Y descubres algo: ya no vale con sueños y esperanzas que se realizarán mañana, el mañana ya ha llegado. Has conocido el inexorable ritmo del tiempo, que arremete sin piedad contra toda esperanza que no es defendida con actos.

Te hiciste mayor, volverías al pasado para implorar a ese niño que rogaba crecer que no dejase su estadio infantil. Te has dado cuenta de cómo funciona la vida, en qué burbuja has estado viviendo, y te sientes solo, vacío, incapaz de cumplir aquello que deseabas.

El tiempo ha cambiado y con él lo has hecho tú. Has salido de la infancia, la protección, y te has dado contra una realidad despiadada. Ahora sientes que sólo quedan dos caminos: el abandono ascético o el acatamiento marcial. La vida parece empujarte a dos vías que estrangulan tu libertad. “Libertad…”, ya es una palabra más que sólo conduce a tu infancia.

Pero, aún quedan personas (adultas) que luchan por sus sueños, su libertad; ¿por qué lo hacen? La respuesta es más simple de lo que parece: lo hacen porque hay una tercera vía. El pasivo ascetismo o la actividad marcial no guían toda la vida humana, sólo marcan dos límites entre los que caben numerosísimas posibilidades. Entre ambas está el mundo de la libertad, de la incansable lucha y la renuncia a cejar en el empeño. Entre esos extremos también está el sufrimiento, la incomprensión, la soledad, el amor, la dicha, la fortuna, la muerte. Crecer, vivir, supone conocer el mundo, saber de su impiedad, y también decidir qué camino escoger: el fácil, pero dañino e infeliz, o el complejo, pesaroso, loco, pero propio y amado. Nuestra es la decisión final, nuestros son los pasos que deciden hacia dónde ir y la vida que llevar. Algunos, por miedo o costumbre, por el tiempo y sus estragos, abandonan lo que un día desearon y se entregan a los extremos, hoy casi copados; otros, quizá ignorantes de las penas a sufrir, eligieron el camino soñado, la meta que a ojos ajenos parece estúpida e irreal. Ambos caminos son largos, poseen bondades y defectos, ambos tienen un objetivo, un final, pero muy distinto.

La vida es escoger sabiendo que el tiempo lo cambia todo, incluso a nosotros mismos. Es decidir aguantar los golpes o huir, alentar tus sueños o quitarles el aliento.

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